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lunes, 20 de junio de 2011

Periodismo made in Argentina

El eterno resplandor de un periodismo sin recuerdos

¿Qué se entienda por periodismo? ¿qué sería un periodista? Para algunos manuales, el periodista era descrito como un tenaz detective que descubre las cosas que los poderes públicos le ocultan al pueblo. Además de investigar, cumple el rol de comunicar cierta información a los ciudadanos. En resumidas cuentas, el periodista tiene tantas funciones que su labor más bien se asemejaría a un múltiple ser (in)humano: investigador, comunicador, juez de lo moral y lo legal y dueño absoluto de la verdad (que ellos mismos se encargan de construir).
Este mes que ha conmemorado la labor del periodista se encargó muy bien de recordar los pocos ejemplos que surgen como únicos de la profesión. Rodolfo Walsh y... Rodolfo Walsh. Porque en realidad quienes sobran en abundancia son  los majulitos, barones, neustaldts o chiches.
Sin embargo la cuestión que en sí ha llamado la atención en el mes que recuerda la fundación La Gaceta de Moreno no son las reflexiones sobre ídolos caídos, sino la violenta polarización que impera en cada medio de comunicación a nivel nacional


jueves, 26 de mayo de 2011

más sobre "15M"

El mundo se desmorona y ellos se indignan
Quizá los mayas tengan razón en algo. El 2012 que se avecina se ve incierto. La crisis del 2009 sacudió la sociedad que hoy presenta síntomas de nerviosismo a nivel global. Nadie es capaz o se atreve de pronosticar certezas sobre esta máquina de indigestiones sociales que hace eco en distintas partes del mundo. Quien entienda la sociedad de este momento, que hable ahora o calle para siempre.

La repentina protesta del 15M es un claro ejemplo que desespera y hechiza a cualquier sociólogo indagado sobre el tema. Es que “los Indignados” son chicos indignados. Y mucho. No obstante, la proclamación que los medios les dan como movimiento social es errónea o demasiado pronta si se analiza las múltiples aristas que engloba. Es decir, por un lado cumplen con la mayoría de los ‘requisitos’ que sociólogos como Nicolás Sosa le asignan a un movimiento para ser social: tienen una estructura abierta, o sea de carácter asambleario (mediante el uso de las nuevas tecnologías) para la armonía de sus miembros; quieren influir mediante la presión ciudadana sin rozarse con partidos políticos; se consideran antisistema y protestan en rechazo a la clase política, la corrupción del sistema y al bipartidismo que consideran dictatorial. Sin embargo a este conjunto de ciudadanos disgustados les falta organización y objetivos claros y definidos.

Es verdad que los Indignados redactaron un documento en el que pedían independencia de los poderes, medidas contra el desempleo, fiscalización de los bancos y derecho a la vivienda y servicios públicos. Es verdad. No obstante un día son 30 personas las que se manifiestan en la Puerta del Sol, luego son 30 mil, al día siguiente son menos en la histórica plaza pero con miles más en diferentes plazas españolas y del mundo. Al día siguiente vuelven a ser cientos otra vez. ¿Quiénes son los Indignados? ¿Sienten la pertenencia, el compromiso y la constancia que el movimiento necesita para cumplir sus objetivos?

Es curiosa la enorme masa heterogénea que se amontona en el Sol: los “apartidarios”, comunistas, trabajadores, organizaciones feministas, desempleados, familias, jóvenes ni-ni (ni estudian ni trabajan), pacifistas y ecologistas. Todos y cada uno de ellos quieren hacer valer sus reclamos. Es decir, si la joven plataforma Democracia Real Ya! redacta un manifiesto en nombre de la asamblea, los grupos feministas que circulan piden también por sus derechos. Si las feministas reclaman sus derechos, los ecologistas exigen que se ponga un límite al consumo desenfrenado que pone en crisis al ambiente. Y si los ecologistas reclaman, lo hacen los grupos pacifistas quienes quieren desinversión en armas bélicas.

Justamente esa heterogeneidad podría provocar una serie contradicciones que acaben por no definirse en un proyecto claro para la asamblea 15M, quien todos los días agregar un motivo más de protesta a su lista. Sin embargo, a la imbatible complejidad de la situación se la podría mirar desde otra perspectiva, ¿no sería mejor, en vez de filosofar acerca de la procedencia o no del movimiento, aceptar que son grupos de intereses y revoltosos contra la injusticia? ¿Los indignados no serán sólo esa respuesta que ellos se hacen llamar: “indignados”? ¿existe descalificación alguna en esa adjetivación que representa el sentimiento ante la marcha del mundo?

A muy grandes rasgos es imposible negar que 15M no estén unidos por intereses. La mayoría pertenece a una clase media que se manifiesta en contra del sistema porque ese sistema los excluyó de las comodidades que disfrutaban. Y justamente porque ya no le sirven al sistema se Indignan. Y porque están muy indignados observan desde una tribuna, y con cierta indiferencia, la injusticia que impone la dictadura de los mercados favorecida por un bipartidismo que se pasa eternamente la pelota del poder, sin variar mucho en las políticas.

Como bien explica el sociólogo Manuel Castells, el problema del capitalismo informacional/global pone en entredicho la atoridad y legitimidad del Estado-nación ya que “las órdenes del Estado no pueden hacerse cumplir plenamente” y “algunas de sus promesas fundamentales, encarnadas en el estado de bienestar, no pueden mantenerse”. Además la democracia representativa se basa en la idea de un Estado soberano, el desdibujamiento de las fronteras de la soberanía conduce a la incertidumbre en el proceso de delegación de la voluntad del pueblo.”

Así nada es más triste que 30 mil ciudadanos manifestarse en una plaza debido a que el Estado no garantiza sus derechos ni el bienestar que se estipulan ante una posible situación de default. Nada es más triste que unos pocos mercados y bancos gobiernen. Nada provoca más indignación que ver una dirigencia política enriqueciéndose en la corrupción, mientras que recurren a recetas con las que el capitalismo enferma aún más  la sociedad afectada: recortes salariales, aumento de la edad de jubilación, 300 mil familias sin casas por no pagar hipoteca y 23% de población sin trabajo. Todo sea por el bien de los bancos y mercados de consumo.

Entonces ¿cómo es posible someter a una crítica negativa esta maraña de reclamos? Nadie en su sano juicio puede descalificar la naturaleza de las protestas como si fueran manifestaciones instrumentadas desde “un poder rojo”. Por lo contrario, resulta positivo y los jóvenes representan un factor clave. Quienes justamente se llaman ni-nis porque ni estudian ni trabajan pueden pensar al sistema porque están excluidos de él. Al ser aislados han encontrado en las nuevas tecnologías, que tan bien manejan, el modo de articular un reclamo, de comenzarlo.

Un estudiante de turismo que protesta en el Sol comenta al diario El País que el “15M estuvo inspirado en las revueltas árabes y las huelgas de Grecia”. Así basta plantearse algunos puntos en común con los Indignados, el mayo francés del 68, las revueltas árabes, las huelgas en Grecia y sobre todo el “Argentinazo” de 2001 con su consabida leyenda “que se vayan todos”.

Manuel Castells explica que si bien el mayo francés del 68 comenzó con una protesta estudiantil se extendió a la sociedad y fueron derrotados por la propia política porque “como movimiento utópico nunca pretendieron la victoria”. Y también porque la dirigencia del capitalismo puede y sabe bien cómo reconfigurarse si se ve amenazada. Las huelgas de Grecia tampoco pretendieron grandes cambios sino una queja debido a los grandes recortes que hicieron contra la población. Y las revueltas del mundo árabe surguieron en contra de una dictadura autoritaria que hicieron de los países su feudo económico, sin embargo, como dice el sociólogo Jaime Pastor, no es la “dictadura de los mercados” que azota a los españoles. Finalmente, el Argentinazo proponía “que se vayan todos” los políticos inoperantes. Y nadie se fue y los reclamos se fueron atenuando día a día.

En suma, quizá sea como dice Castells y no pretendan la victoria y mucho de los reclamos queden en el tiempo. A este pronóstico adhiere el sociólogo y profesor de la Universidad de Deusto Javier Elzo, especialista en el comportamiento y los valores de la juventud, quien reconoce que “la sociedad actual se caracteriza por una gran volatilidad” y se pregunta “¿en qué quedó la indignación de los estudiantes franceses que se levantaron el año pasado por la reforma del sistema de pensiones?”, “¿En qué va a quedar todo esto? Tengo más preguntas que respuestas”.

Por ello es altamente probable que este conglomerado de ciudadanos que hoy protesta en las calles, semanas después desaparezca o aparezca con mucho menos frecuencia, pero ¿alguien es siquiera capaz de condenar la #spanishrevolution a la mera intrascendencia?”

En consecuencia no se puede llevar a los indignados a la desaparición porque con ellos moriría un logro importantísimo que subyace a las manifestaciones: aquél que planteaba a la democracia como el acto por el cual el pueblo delegaba la soberanía en sus representantes. Pero delegarla no significa descuidarla y someterse a la pasividad. La historia demuestra que si el pueblo se indigna puede hacer temblar la dirigencia política. Es muy improbable que la mayoría del 15M quiera un cambio en el sistema: quieren tener la calidad de vida que ya habían saboreado tiempo atrás. Por el momento nadie es capaz de precipitarse a adivinar el futuro de los ciudadanos reunidos en el Sol . Sin embargo se pueden abrir interrogantes: ¿el capitalismo podrá reconfigurarse y salir victorioso nuevamente? No lo sabemos. Quizá lo único que tengamos una certeza inofensiva, ilusa e incluso ridícula: el 2012 está cerca, y una profecía está al acecho mientras el mundo se desmorona y la gente se indigna.

viernes, 13 de mayo de 2011

detrás del velo

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Debate por multiculturalismo: Occidente en el ojo de la tormenta.
Vamos a ver cómo es la República del revés

Francia puso en funcionamiento la ley que impide el uso del velo islámico integral a 2000 mujeres que transitan los espacios públicos. Las calles, transportes públicos, escuelas, oficinas de correo, tribunales ya no serán frecuentadas por mujeres veladas de pies a cabeza con sus llamativos burkas o el niqabs. La ley contó la mayoría de los votos emitidos por el partido Unión para un Movimiento Popular, encabezada por el presidente ultraderechista Nicolás Sarkozy. Al término de la aprobación en la cámara alta, la ministra francesa de Justicia, Michele Alliot Marie, felicitó la aprobación del parlamento y calificó como un éxito para la República y los valores democráticos que encarna.

Esta es la ley de la República, fundada sobre las bases de la gran revolución de 1789 que siempre ha defendido la triada utópica de “libertad, igualdad y fraternidad” pero que hoy parece desmoronarse, empalagada por interpretaciones sobre ideales modernos como el laicismo. Así se asiste a una gran verdad, algo que al pensamiento oriental siempre le faltó y que el occidental posee en abundancia: hipocresía en todos los ámbitos.

Si se quiere comencemos por la igualdad, palabra maravillosa para discursos políticos. Lamentablemente es una ilusión óptica creer que pueda existir una sociedad de iguales cuando históricamente la estratificación ha dominado el plano social. Así como fue de público conocimiento el repudiable suceso por el que una viuda fue asesinada en un país islamita al vincularse con otro hombre, lo fue una estadística que indica que 2 millones de mujeres francesas sufrieron episodios de violencia a mano de sus parejas. Sería vergonzoso admitir que no existe desigualdad, opresión y violencia femenina en la sociedad francesa, o que la mujer ha dejado de ser condicionada por el sexo masculino a un determinado estereotipo de belleza. Sin embargo es un festejo de la República despojar de una vestimenta cultural a dos mil mujeres.

En segundo lugar, poca libertad existe en una ley que prohíbe en vez de ‘invitar a no usar’ y proteger a las mujeres que sean hostigadas; pero llorar sobre leche derramada no tiene sentido, pues está derramada y por la cámara de Senadores franceses. Lo que sí no lo está es la sagrada protección de la integridad física y psicológica de las mujeres. Así que es ilógico enunciar una defensa de carácter relativa hacia una religión fundamentalista que rebaja muchachas a las condiciones más deplorables que se conozcan. Sin embargo es un pecado caer en generalizaciones, ya que no todas las mujeres musulmanas residentes en República Francesa conocen las dolencias que sufren sus compañeras en el oriente. Convendría preguntarse, ¿todas las mujeres son maltratadas y sometidas por ‘sus’ hombres a usar velo en Francia? Evidentemente la ley no incluye entre sus premisas que una mujer elija –palabra vinculada a la libertad- usar ese distintivo por estar de acuerdo con el contexto cultural-religioso en el que fue criada.

Por otra parte es menester referirse a los antecedentes. El presidente conservador Sarkozy no dudó al correlacionar inmigración con delincuencia y luego, en agosto de 2010, pagó 350 euros a cada gitano para exiliarlos. Así no es casualidad que en este contexto se huela a deportación cultural. Pero lo lamentable es que las mujeres sean las principales víctimas de una campaña que pretende defenderlas y a la vez se niega a escuchar sus diferentes opiniones, teniendo en cuenta que las musulmanas no conocen el concepto occidental de ‘libertad’.

Siguiendo esta línea, hay que tener en cuenta que la prohibición puede manifestarse en resistencias violentas. Aún así, la cuestión se simplificaría a la máxima excusa expresada través de un ‘mi país, mis reglas’. Y en efecto, quien abandona un país y una cultura para ir hacia otro lugar completamente diferente debe estar sujeto al desamparo legal y las consecuencias que ello implique. Pero ¿no estaríamos olvidándonos de un detalle, la hermosa fraternidad con el otro? Claro que no. Por ello se multa a las mujeres por 150 euros y de premio se llevan unas clases de rehabilitación para convencerlas que el velo integral es una prenda que atenta contra su libertad porque, como declaró el presidente galo Sarkozy, “la república se vive a cara descubierta

Por último falta destronar uno de los ejes del debate por la ley que prohíbe el uso del velo en espacios públicos: el laicismo, pensamiento que enmarca los ideales revolucionarios. En efecto, el Estado laico se forja al calor de la Revolución Francesa, la cual impulsó la formación de un Estado sin grupos de presión religiosos que -valga la redundancia- presionen sobre el espacio público en pro de sus intereses. En otras palabras, se respeta la libertad de culto pero no se financiara u oficializara ninguno. Así este principio de la modernidad se sumó a la escolarización: ahora el laicismo en las escuelas brindaría todas las herramientas para llevar hacia la emancipación humana que formaría una sociedad de iguales. Pero la libertad y su relación a la educación es algo relativo. Para evitar entrar en discusiones eternas e innecesarias, basta con citar al filósofo marxista Antonio Gramsci quien, privado de su libertad durante el fascismo italiano, escribió que la educación es selectiva y sólo sirve para mantener el pensamiento hegemónico de turno.

De este modo, Francia, creadora de un mundo ideal y forjadora de un modelo de pensamiento que se suele conocer como “el más civilzado, correcto y único posible”, se encuentra en una encrucijada difícil de salir. El malestar económico que viven los nativos de Francia (producto de las crisis de 2009) encajona a políticos en decisiones absurdas y racistas. Sin embargo la sociedad de iguales que el laicismo desearía construir se da respetando las culturas que conviven a diario; por eso es tan difícil de concretar entre seres humanos acostumbrados a querer colonizarse los unos con los otros. Pero a fin de cuentas, la democracia de la república francesa no se erige sobre el sometimiento como única vía, sino en la representación de intereses previamente consensuados. Y más si hay mujeres en riesgo.