Hay mentes brillantes que entienden el cine y, en consecuencia, poseen la capacidad de anticiparse en la trama al resumirse mediante pocas imágenes y apenas palabras. El color rojo de una rosa puede significar el amor y/o la violencia del amor, luego un bombero que saluda con una enorme sonrisa puede contrastarse con una maraña de insectos que se esconden bajo la tierra, representando las profundidades de lo desconocido, de una oscuridad que permanece invisible a los ojos.
Blue Velvet es, al fin y al cabo, una película sobre el choque de esos dos mundos que David Lynch describe en ese comienzo y que componen lo real: uno es luminoso y otro oculto, donde predomina la maldad, la violencia, lo vulgar, en fin, el mundo oscuro.