“Siempre nos quedará Paris” fue la famosa frase que Humphrey Bogart le dijo a Ingrid Bergman en Casablanca. En cierta medida, los amantes sabían que esa ciudad siempre permanecería como el único lugar en el que siempre les quedaría el recuerdo imborrable del amor que sintieron tiempo atrás de reencontrarse en Casablanca. París era tan intacto como el sentimiento. Era su lugar dentro de un mundo de infinitas casualidades.
La ciudad de las luces fue de los amantes. Pero también fue el sitio que avivó las ideas y pasiones de muchos intelectuales hoy inmortalizados. Hemingway se enamoró de ella durante los años que fue periodista en la guerra mundial. El escritor manifestó una vez que estando en esa mágica ciudad con su esposa, “éramos pobres, pero muy felices” ya que “Paris es una fiesta que nos sigue”. Más tarde, Cortázar caminó la misma ciudad amando intensamente cada callecita por la que transitaba – pensando quizá en cómo transmitir esa pasión a través de los encuentros que Oliveira mantenía con la Maga en algún cine, café o en algún rincón del Barrio Latino.