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lunes, 4 de marzo de 2013

Pero el amor...


"Pero el amor, esa palabra…" ¿qué archiva la palabra? ¿qué significado completa el significante? El amor… un sentimiento tan primitivo, tan recíproco. El amor como una isla entre dos profesores de música retirados que viven en un departamento sobre las calles parisinas. Tan hermético pero tan trascendental es ese sentimiento que comulgan Georges y Anne. Traspasa crisis económicas, la dinámica superficial de la juventud, los intereses e incertidumbres contemporáneos.

Haneke no es un hombre de guiones ornamentados con frases recicladas que vacían el concepto. Es un hombre que expresa al amor como verbo que va dosificándose a través de gestos. El amor es aquello que In a Lonely Place (1956), Dix le explicaba a Laurel: Ellos no están siempre diciéndose cuán enamorados están. Una buena escena de amor debe ser acerca de algo más que el amor. Por ejemplo, ésta: yo preparándote el desayuno. Vos sentada allá, aturdida, media dormida. Cualquiera que nos mirara podría decir que estamos enamorados.

En Amour, el amor se rastrea tanto en gestos microscópicos y desinteresados (acostar a Anne, ayudarla con sus ejercicios, darle de comer en la boca, llevarla al baño, levantarla del suelo cuando cae, abrazarla fuertemente cuando enloquece de rabia porque se hizo pis en la cama) como en acciones enormes, es decir, sacrificios y promesas que, por más punzantes que sean, no conocen la noción de tiempo. Volviendo a In a Lonely Place, el amor es verbo y sentimiento leal, puro, exclusivo y constante. Es una escena siempre omnipresente, aquella que por eso, Dix no encontraba lugar en el guión:  "Nací cuando ella me besó. Morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras ella me amó." Quiero ponerlo en el guión, pero no sé donde.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Paris, Je T'Aime

“Siempre nos quedará Paris” fue la famosa frase que Humphrey Bogart le dijo a Ingrid Bergman en Casablanca. En cierta medida, los amantes sabían que esa ciudad siempre permanecería como el único lugar en el que siempre les quedaría el recuerdo imborrable del amor que sintieron tiempo atrás de reencontrarse en Casablanca. París era tan intacto como el sentimiento. Era su lugar dentro de un mundo de infinitas casualidades.

La ciudad de las luces fue de los amantes. Pero también fue el sitio que avivó las ideas y pasiones de muchos intelectuales hoy inmortalizados. Hemingway se enamoró de ella durante los años que fue periodista en la guerra mundial. El escritor manifestó una vez que estando en esa mágica ciudad con su esposa, “éramos pobres, pero muy felices” ya que “Paris es una fiesta que nos sigue”. Más tarde, Cortázar caminó la misma ciudad amando intensamente cada callecita por la que transitaba – pensando quizá en cómo transmitir esa pasión a través de los encuentros que Oliveira mantenía con la Maga en algún cine, café o en algún rincón del Barrio Latino.