"Shubert era bastante feo, ¿sabías?
Con tu apariencia nada podría herirte."
(Atención: se revelan detalles de La Pianista.)
Desde hace poco empezó a germinar en mí una cierta fascinación por Haneke. No es grande como la de Tarantino, Miyazaki o Wong Kar Wai, sino que es tenue y tiene que ver con su capacidad para elaborar personajes tan complejos pero tan claros al mismo tiempo. Fáciles de entender, ya sea por cómo se comportan, por sus expresiones faciales y, en menor medida, por aquello que dicen.
En un pequeño y viejo post, ya remarqué el valor dramático de las acciones que realiza Georges en Amour (quienes la vieron, sabrán a qué me refiero, sobre todo a la famosa escena del almohada) y que, en cierta medida, es lo que lo define como persona.
La música también se hace un lugarcito puesto que Georges y Anne eran profesores de piano. Me gusta que Haneke no utilice la música clásica para manipular emociones malogradas y que no la vuelva la panacea del mundo. La música tiene una utilidad o instrumentación concreta y en La Pianista -película, por cierto, ultratrangresora para la fecha- su personaje la toma de la misma forma que él: con pasión, pero con clara y racional ejecución.


